Wanderer

Volví a la discoteque de siempre.

Música retumbando en mis oídos. Olor mezclado entre nicotina y alcohol. Cuerpos sudados moviéndose al ritmo, como una sola masa.

Caras amistosas que levantaban su mano al pasar, algunos me recibían con abrazos y buenas palabras. Tratando de ser cortés, sólo saludaba, y respondía lo que ellos parecían querer escuchar. Seguí mi camino.

Cerré mis ojos, me dejé llevar. Entregué mi cuerpo a la música, cual pagana a dioses imaginarios. Dejé que mi ser se descargara, aunque no tenía claro cuál era el peso que cargaban mis hombros.

Me sentí vacía.

Me alejé de la pista. Tomé asiento. Reflexioné. ¿Cómo sabía de aquel lugar? ¿Cómo llegué ahí, sintiéndome acogida y tan lejana a la vez?

Resignada, metí mis manos en los apretados y casi inservibles bolsillos en mis jeans. Un trozo de papel rozó mis dedos, y mi curiosidad me llevó a revisarlo.

"Sé que saliste de nuevo. Vuelve a casa. Te estaré esperando".

Con inmensa amargura, lloré cuando las letras bailaron hasta convertirse en su cara. Lo único que puedo recordar. Lo único que sé que es parte de mí.





Siento que no puedo poner en palabras como quisiera lo que ví anoche en mis sueños. Soñé con alguien que perdía su memoria, y vagaba para encontrar respuestas, cuando esas podían estar en su hogar.
Hace mucho que no escribo, y siento que he perdido un poco el "toque". Pero hacía falta.

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